Page 1
El cielo de Londres parecía estar completamente cubierto por una enorme manta de franela gris, empapada de agua, desde hacía exactamente siete días. La lluvia no caía a cántaros, sino que era una llovizna persistente e insidiosa que empapaba toda la ciudad en un silencio húmedo y gris. En la ventana del 99 de Calle Niebla, los rastros de lluvia parecían lágrimas interminables. Leo estaba recostado en el alféizar de la ventana del estudio, dibujando aburrido con la punta del dedo sobre el vaho. 'Mis articulaciones de tornillo se van a oxidar', se quejó Engranaje, frotando constantemente sus partes cruciales con un pequeño paño de felpa. Marmelada, mientras tanto, se acurrucaba en una alfombra seca junto a la chimenea, lanzando una mirada de desdén hacia la ventana: 'Con este clima, ni las ratas quieren salir de visita. El aire está lleno de... una melancolía húmeda'. Leo suspiró, y su aliento empañó aún más el cristal. En ese momento, una gota de lluvia excepcionalmente grande, '¡plas!', golpeó el vidrio y se deslizó lentamente. Y justo en ese instante, la 'Percepción de Eco' de Leo vibró como una cuerda de guitarra ligeramente pulsada: 'oyó' un gemido etéreo, tan débil que casi no existía, mezclado con una profunda confusión y soledad.




