Page 1
En el bosque vivía un monito. Le gustaba saltar de un lado a otro, y también le gustaba burlarse de los demás.





Un monito al que le gustaba burlarse de los demás aprende la importancia de respetar a los otros después de caerse y ser ayudado por un ciervito al que antes se había reído.
En el bosque vivía un monito. Le gustaba saltar de un lado a otro, y también le gustaba burlarse de los demás.
¡Mira los cuernos del ciervito! ¡Qué raros son! El monito señaló al ciervito y se rió a carcajadas. El ciervito bajó la cabeza con tristeza.
¡Ja, ja! ¡Las orejas del conejito son demasiado largas! Dijo el monito saltando. El conejito se escondió entre la hierba.
¡Guau! ¡La nariz del osito es demasiado grande! El monito se reía tanto que se doblaba de la risa. El osito se alejó en silencio.
El monito se burlaba de los demás todo el día, pensando que él era el mejor. Saltaba de un árbol a otro.
Un día, el monito estaba jugando en un árbol. ¡Crac! De repente, la rama se rompió.
¡Pum! El monito se cayó al suelo. ¡Ay! ¡Qué dolor! Se puso a llorar.
¡Socorro! ¿Quién me puede ayudar? El monito gritó pidiendo ayuda. Pero nadie se acercó.
De repente, ¡apareció el ciervito! Corrió rápidamente hacia él, con una expresión de preocupación en su rostro.
¿Estás bien? Preguntó el ciervito con dulzura. ¡Déjame ayudarte! Ayudó suavemente al monito a levantarse.
Lo siento... dijo el monito en voz baja. Antes me reí de tus cuernos... y aún así viniste a ayudarme.
¡No pasa nada! Dijo el ciervito sonriendo. Todos somos especiales, debemos ayudarnos unos a otros.
El monito comprendió: burlarse de los demás está mal. Debemos respetar las diferencias de cada uno.
Desde ese día, el monito nunca más se burló de nadie. Aprendió a ser respetuoso y amable.
Todos los animales del bosque se hicieron buenos amigos. ¡Juntos cantaban y bailaban felices!